Ya habíamos hecho una reforma coordinando arquitectos, contratistas y
proveedores por separado, y no queríamos volver a pasar por ese
desgaste. Con Velvet hubo una sola dirección y un criterio común
desde el primer día. Cada decisión estaba documentada, sabíamos
quién se ocupaba de cada tema y recibíamos respuestas concretas. En
una obra de esta escala, esa organización fue tan valiosa como el
resultado.